Lo confieso, soy un bloguero irresponsable. Puedo dejar pasar meses enteros sin una misera entrada, para después volver como si nada hubiera pasado, sin siquiera intentar esgrimir una justificación de la ausencia. No voy a referir mis recientes enfrentamientos con invasores alienigenas, clones mutantes y asesinas amazonas ninjas, ya que no es el propósito de este blog aburrir con nimiedades de mi acontecer cotidiano, sino centrarme en el quehacer del comic y en mi actividad profesional. En este sentido, hace varias semanas tuvo lugar una conversión con mi agente que debo referir aquí.
Estábamos como tantas otras veces sentados en la mesa de un bar, discutiendo estrategias para salir de pobres, cuando surgió el tema de la reacción de los editores hacia mis muestras. Mi agente recalco el hecho de que, si bien no hacían ninguna critica puntual hacia mi técnica de dibujo, ni tenían ninguna objeción seria acerca de la calidad de mi trabajo en general, la respuesta era tajantemente negativa, es decir, de trabajo nada de nada.
-Creo que lo que pasa es que no les gusta tu estilo- aventuro mi agente a modo de explicación, mientras sumergía un croissant en su café con leche.
-¿Y yo qué puedo hacer?- Le pregunte, a medio camino entre la protesta y el desconcierto.
-Deberías considerar cambiar de estilo- sugirió, mientras se llevaba el croissant a la boca, no sin antes inclinarse a fin de que las migas cayeran sobre la taza.
A continuación inicio un análisis pormenorizado de los estilos que actualmente funcionan en el mercado norteamericano, mientras yo tomaba cabal comprensión de lo que me estaba sugiriendo: imitar el estilo de otro dibujante.
Esto me trajo a la memoria algo largamente olvidado, que durante mis largos años de aprendizaje en el taller del profesor Julio Jauregui, éste me hizo hacer repetidamente un ejercicio que consistía en llanamente copiar paginas de dibujantes, como forma de analizar su trabajo y asimilar rasgos de su estilo. Tome conciencia por primera vez de una incongruencia que hasta entonces se me habia pasado por alto; había copiado unas cuantas paginas de dibujantes argentinos, italianos y franceses, pero ninguno norteamericano, y actualmente estaba tratando de entrar en el mercado norteamericano.
A partir de ese momento centre toda mi atención en el análisis que mi agente hacia sobre los posibles estilos.
-Un estilo que funciona es el de los hermanos Farrelly y los que lo continuaron, como Liu Kang -propuso.
-No me gustan las rayitas- replique
-Otro puede ser el de David Mc Callum, que hace "Escalextric" y otras series de mutantes -prosiguió.
-No me gustan las caras- argumente.
-O también puede ser el de Hugh Bronson...
Mi mente se detuvo al escuchar ese nombre. Hugh Bronson, el prestigioso artista de títulos tan celebres como "Superhero Society of Palm Springs"(Asociación de Superhéroes de Palm Springs), "Pair 21" (Par 21), o "Dead Strap"(Difunta Correa), es conocido por todos y no necesita presentación. Su estilo no me disgusta, sino todo lo contrario, ya que le encuentro cierta afinidad con el mio. Además, yo ya tenia algunas revistas dibujadas por él y no necesitaba ponerme a buscar material suyo, por lo que era el candidato ideal. Una vez seleccionado el dibujante, quedaban por ajustar cuestiones menores.
-¿Entonces decís que lo estudie a ver qué le puedo sacar?- Inquiri.
-No- replico"- lo que digo es que trates de acercar tu estilo al suyo todo lo posible, cuanto más parecido mejor.
-Pero eso me puede llevar meses- esgrimi - y por más que lo estudie no hay garantía de que me vaya a salir.
-Bueno, ¿Qué apuro hay? - repuso mientras buscaba a la camarera para pedir la cuenta- No se pierde nada con intentarlo.
Así que ya lo saben, si mis próximas muestras se parecen sospechosamente al trabajo de Hugh Bronson, no se tratará de algo casual, sino de una estrategia deliberada en pos de objetivos rastreros y materialistas.

Hugh Bronson, en una foto reciente de un reportaje
aparecido en la revista Wizard